La epidemia de sobrepeso y obesidad infantil afectan a la salud de los menores mucho más de lo que imaginamos

Mercedes Gil, jefa de grupo del CIBEROBN en IMIBIC
CIBER | viernes, 29 de marzo de 2019

El grupo que lidera Mercedes Gil en el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC) centra su investigación en el estudio de la obesidad infantil y la nutrición aplicada al niño. Este grupo surgió inicialmente para dar respuesta a preguntas sobre el desarrollo de la obesidad en la infancia, especialmente relacionando la genética y epigenética, así como otros factores que tienen que ver con el ambiente familiar y social que rodea al niño. En esta entrevista, Mercedes Gil detalla los proyectos en los que trabajan actualmente, y habla de la situación de la mujer en la ciencia.

-¿Cómo está afectando la epidemia de sobrepeso y obesidad infantil a la salud de los menores?

-La epidemia de sobrepeso y obesidad infantil está afectando a la salud de los menores mucho más de lo que la población imagina. En primer lugar, hay que destacar que a veces no consideramos esta alteración nutricional como una enfermedad, porque no vemos sus complicaciones durante la infancia temprana, y están más asociadas a etapas posteriores de la vida adulta. Sin embargo, en los últimos años estamos observando niños, incluso prepuberales, entre 6-12 años, que no sólo presentan obesidad, sino comorbilidades como resistencia a la insulina, dislipemia y cifras elevadas de tensión arterial. Incluso, el diagnóstico de diabetes tipo 2, que era propio del adulto mayor, ya está empezando a aparecer en el adolescente.

-¿Cuáles son las principales líneas de investigación que centran el trabajo de su grupo?

-En concreto, nuestros proyectos siempre han ido dirigidos a estudiar la etapa temprana del niño en la cual se produce el rebote del tejido adiposo, y aún no está la influencia de la pubertad. Incluso, en los últimos años, también incorporamos el estudio de niños con alteraciones nutricionales en la etapa perinatal como parte de la influencia de los 1.000 primeros días en el desarrollo de obesidad y/o síndrome metabólico en etapas posteriores de la vida.

-Su grupo tiene una importante trayectoria en el estudio de las alteraciones hormonales y metabólicas en los niños obesos, especialmente en la edad prepuberal, ¿qué conclusiones se están derivando de esta línea de estudio?

-En relación con esto, las principales conclusiones que obtenemos de nuestros estudios en niños tan pequeños, es que realmente sí hay comorbilidades derivadas de la obesidad exógena, como las que he comentado. Encontramos alteraciones en hormonas secretadas por el tejido adiposo, y un bajo grado de inflamación, además de las alteraciones típicas descritas en el síndrome metabólico del adulto. Todo ello hace pensar que el riesgo cardiovascular está ya presente, y por tanto, los eventos aparecerán en el adulto precozmente. Sí que parece que algunos niños obesos con hábitos de vida más saludables y más activos pueden disminuir este riesgo de complicaciones metabólicas.

-Precisamente una de las líneas de trabajo de su grupo se centra en la influencia de la obesidad infantil y los estilos de vida en el riesgo cardiovascular…

-La obesidad es una enfermedad multifactorial y para ello hay que abordar su estudio desde diferentes perspectivas para luego tratar de analizarla relación de todos los factores que pueden intervenir. En el niño obeso es esperable encontrar un patrón genético predisponente pero menos expuesto al efecto epigenético del ambiente y del curso del tiempo que en los adultos; por tanto, es un campo de estudio actual en nuestro grupo.

Por otro lado, nos interesa conocer los patrones de hábitos alimentarios que se van instaurando en distintos tramos de edades, y en función de la incorporación del niño a la sociedad, al colegio, y a la mesa familiar. De nuestros estudios se derivan resultados en los que observamos unos hábitos inadecuados con consumo elevado de energía, a veces incluso muy dependiente del contenido proteico, y conforme avanzan en edad, con un bajo consumo de los alimentos más saludables, como frutas y verduras, lácteos o pescado. Sin embargo, también observamos que el niño que ya es obeso a veces tiene una alimentación con una menor ingesta energética y variada, probablemente por modificaciones que hace a posteriori, cuando la enfermedad ya está instaurada.

-Estudian la relación de la obesidad con la condición física y el sedentarismo en niños,¿en qué se concreta el trabajo del grupo en este campo?

-En los proyectos que realizamos en relación con la investigación sobre hábitos y el desarrollo de la obesidad infantil, necesariamente hay que incorporar el estudio del sedentarismo y la práctica de actividad física. En los niños utilizamos la acelerometría, que permite evaluar objetivamente la actividad que hace el niño. Esta técnica nos ha permitido conocer que, en todos los casos, niños normopeso y con sobrepeso u obesidad, el grado de sedentarismo es muy alto. Esto es debido al gran número de horas al día que están sentados. Sin embargo, también hemos observado que si el niño realiza una actividad física moderada e intensa diaria de manera programada, que sume al día al menos una hora, y disminuye las actividades sedentarias, puede mejorar el perfil metabólico y recuperar un mejor estado de salud, incluso en niños obesos. En concreto, es llamativo el efecto combinado de una dieta saludable unida al ejercicio físico sobre el aumento de la sensibilidad a la insulina, o la mejora en el perfil lipídico.

-¿Cómo debe abordarse el tratamiento de la obesidad infantil?

-El tratamiento de la obesidad es muy complejo cuando la enfermedad está instaurada, y en la infancia no podemos utilizar fármacos coadyuvantes o cirugía. Creo que la solución, que actualmente aún no hemos conseguido los profesionales clínicos, es abordar integralmente al paciente, dedicándole más tiempo a aspectos como conseguir motivación, cambiar patrones de conducta, realizar valoraciones psicológicas que permitan poner en marcha tratamientos que mejoren la autoestima y la confianza, y con todo ello, instaurar cambios progresivos, y de acuerdo con el paciente, en hábitos de vida. Estos deben incluir el conseguir una alimentación saludable y más actividad física, por supuesto, pero también deben disponer de posibilidades reales que permitan realizarlos. Hay familias que económicamente no pueden permitirse comer pescado o fruta con frecuencia, o apuntar a sus hijos a más actividades extraescolares para aumentar el ejercicio, por lo que priorizan otras de tipo más académico. También hay que considerar la falta de tiempo en la organización familiar, y algunos niños no pueden ir al parque a jugar porque sus padres trabajan o deben hacer tareas domésticas en su tiempo libre. Por otro lado, se debería promover que el tiempo libre en familia se emplee en actividades al aire libre, ejercicio u otras similares. Es necesario que el sistema educativo apueste por una mayor práctica de actividad física incluida en el currículum académico, y ponga a disposición las instalaciones escolares para el tiempo libre, y por otro lado, que el sistema sanitario organice una atención desde la atención primaria mediante un proceso asistencial eficaz. Por último, es fundamental que toda la sociedad, incluidas las empresas de alimentación y ocio, colaboren en suprimir la publicidad o el comercio de aquellos productos que favorecen el que esta epidemia continúe a nivel mundial.

-Tienen también una segunda gran línea de estudio relacionado con la nutrición infantil, ¿qué estudios desarrollan en este campo?

-En la línea de investigación en nutrición infantil, algunos investigadores del grupo tienen una trayectoria muy destacada y variada. En los últimos años nos hemos centrado en el estudio de la microbiota intestinal en relación con la prevención y/o el desarrollo de algunas enfermedades así como con el tipo de alimentación. También realizamos ensayos con pre y probióticos, tanto básicos, como clínicos.

-¿Cómo percibe la situación de la mujer en la actividad científica desde su propia experiencia como investigadora?

-El papel de la mujer científica es cada vez más visible, ya que cada vez hay más mujeres que consiguen dedicar su vida profesional a la investigación. Es bastante habitual aún, sin embargo, que sean pocas mujeres las que lideran grupos o proyectos, como los de redes europeas, que implican una dedicación, especialmente en tiempo, importante. La relación en estos ámbitos debería ser de igual a igual, pero sigue habiendo foros en los que las mujeres no sentimos que sea así; nos obligamos a tener que demostrar que tenemos la capacidad suficiente o igual para abordar lo que no se nos presupone de hecho.

-¿Cuáles son las principales fortalezas de las mujeres científicas?

-Las principales fortalezas en las mujeres científicas las observo cada día en mis compañeras de otros grupos de investigación y en mi propio grupo. Yo destacaría la tenacidad y la capacidad de hacer trabajo múltiple, el de casa, el asistencial en el caso de las clínicas, y el científico, pasando todo esto a veces muy desapercibido, pero con muy buenos resultados en todos los ámbitos. Creo que la mujer científica aporta un valor, no añadido, sino compartido, al de los hombres. La ciencia se hace en equipo, y el compartir diferentes puntos de vista o de hacer las cosas, enriquece el proyecto común. En las mujeres que conozco, dedicadas a la medicina y a la ciencia, percibo un afán de superación por sí mismas, y por buscar soluciones, sin prestar especial atención al reconocimiento propio.

-¿Percibe avances en la eliminación de las barreras de género en la ciencia?

-Es necesario establecer otras políticas que promuevan el desarrollo de la mujer en la ciencia, al igual que en otras profesiones, especialmente aplicando estrategias de conciliación familiar, o de reparto de tareas en casa o en la educación de los hijos, que siguen siendo muy asumidas por las mujeres cuando no hay otra elección. Actualmente hay buenas ideas como establecer paridad entre mujeres y hombres en determinados grupos de decisión, aunque en los casos en los que debe haber liderazgo, son tan pocas las mujeres disponibles que se puede convertir en una obligación más que en un derecho a la participación. No obstante, creo que al menos en nuestro país ha comenzado un proceso de concienciación imparable que hará romper las barreras que aún están presentes en todas las profesiones, aunque para ello, las primeras barreras debemos de romperlas con nosotras mismas.