Moléculas endocrinas liberadas por la grasa parda podrían ser claves en el descubrimiento de nuevas terapias contra la obesidad y las enfermedades metabólicas

Francesc Villarroya, jefe de grupo del CIBEROBN
CIBER | miércoles, 28 de septiembre de 2016

Un grupo de científicos del CIBEROBN,  bajo la dirección del doctor Francesc Villarroya, acaba de publicar en Nature Reviews Endocrinology una revisión sobre el papel del tejido adiposo marrón o grasa parda (BAT) como órgano secretor endocrino productor de factores hormonales. Diversos estudios han asociado la actividad de la grasa parda con la protección contra la obesidad y las enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2 o la dislipidemia. El artículo, que recopila el conocimiento acumulado en estudios recientes sobre el papel de este tipo de tejido adiposo, concluye que existen moléculas liberadas por éste (las adipocinas marrones o batocinas), con efectos metabólicos beneficiosos, y que podrían ser claves en el descubrimiento de nuevos medicamentos para el manejo de la obesidad y sus enfermedades crónicas metabólicas asociadas.

Protección frente a la obesidad

En el tejido adiposo marrón tiene lugar la termogénesis adaptativa en los mamíferos, permitiendo al organismo adaptarse a ambientes fríos. En roedores, se ha demostrado que la grasa parda, además de generar calor, protege también contra la obesidad, promoviendo el gasto energético. De hecho, la actividad de este tejido se presenta reducida en pacientes con obesidad.

La habilidad de la grasa parda para proteger frente a la obesidad y las alteraciones metabólicas, como la resistencia a la insulina, ha sido atribuida tradicionalmente a su capacidad de utilizar la glucosa y los lípidos para generar calor. Pero la evidencia apunta a que el tejido adiposo marrón tiene efectos sistémicos derivados de la secreción de moléculas reguladoras (batocinas), con un papel clave en esta capacidad de usar glucosa y lípidos para la termogénesis.

Dianas terapéuticas

Los investigadores del CIBEROBN sugieren que, dado que la grasa parda disipa la energía metabólica en forma de calor, recurriendo para ello activamente al uso de lípidos y glucosa, podría esperarse que las moléculas secretadas por la misma jueguen un importante papel de soporte y coordinación en la actividad metabólica de este tipo de tejido adiposo. Por tanto, la identificación de estas batocinas podría revelar nuevos candidatos a ser usados como medicamentos para tratar o prevenir la obesidad, la diabetes tipo 2 o la dislipidemia.

Papel de regulador endocrino sobre otros órganos y tejidos

Hasta el momento se han identificado ya varias moléculas liberadas por la grasa parda y la evidencia señala que algunas de ellas podrían desempeñar una función autocrina o paracrina. Muchos de estos factores promueven distintos procesos asociados a la termogénesis. Pero además, estas moléculas liberadas por el tejido adiposo marrón pueden actuar como reguladores endocrinos sobre otros tejidos y órganos.

Esta función ya ha sido puesta a prueba, por ejemplo, con el trasplante de grasa parda en ratones, y se ha demostrado que el trasplante de tejido adiposo marrón embrionario en ratones adultos que sufren diabetes puede mejorar significativamente las condiciones glicémicas y el grado de inflamación del tejido adiposo blanco, mostrándose así su acción antidiabética.

Más investigación

Los científicos del CIBEROBN concluyen que, si bien muchas de estas batocinas son bien conocidas por actuar como hormonas y han sido asociadas al gasto energético, se necesita investigar en profundidad el papel de la grasa parda en la liberación de cantidades fisiológicamente relevantes de estos factores endocrinos que pueden apuntar a otros tejidos y órganos.

“En los próximos años, la investigación debería centrarse en la identificación y caracterización de nuevas batocinas procedentes de la grasa parda y establecer su papel en la regulación metabólica, así como saber si pueden ser explotadas farmacológicamente como tratamiento contra la obesidad”, sostiene el doctor Villarroya, investigador del CIBEROBN y de la Universidad de Barcelona, que ha coordinado el estudio. “El mayor reto de futuro para la investigación en este campo es descubrir cuáles de estas batocinas serían buenas candidatas para el desarrollo de medicamentos para combatir las enfermedades metabólicas”, añade.