El problema de la Obesidad

En los últimos años, la obesidad ha dejado de ser un problema exclusivamente estético y ha traspasado la barrera de la salud y la sanidad, al convertirse en una auténtica epidemia a escala mundial que requiere ingentes recursos humanos, técnicos y económicos para combatirla. A pesar del despliegue de toda una artillería preventiva y terapéutica por parte de las autoridades político-médico-científicas, lejos de detenerse, la obesidad se ha multiplicado peligrosamente. Su proliferación en la sociedad ha llegado a tal punto que los especialistas han pasado a denominarla “globesidad”, una especie de globalización del sobrepeso, al margen de su condición de país desarrollado o subdesarrollado.

Recientes estudios epidemiológicos demuestran que un elevado porcentaje de personas presenta algún tipo de patología asociada al sobrepeso, que alcanza cifras que superan los 300 millones en todo el mundo. Algo que hace saltar todavía más las alarmas cuando manejamos datos sobre obesidad infantil y juvenil.

Estos trastornos de carácter nutricional repercuten en una serie de dolencias asociadas al sobrepeso, algunas de ellas crónicas, tales como, la diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, hipertensión arterial e incluso diversos tipos de cáncer.

El trastorno de la obesidad también ha afectado notablemente, como hemos dicho, a los niños, ya que en estudios realizados en países desarrollados como Estados Unidos y algunos de Europa el número de obesos se ha multiplicado debido principalmente a un cambio de hábitos alimenticios, sobre todo en el consumo de grasas y una notable disminución en la actividad física.

Con respecto a los tratamientos anti-obesidad, siguen dando resultados insatisfactorios y esto se debe, muchas veces, a estrategias equívocas y al mal uso de los recursos terapéuticos disponibles y dispuestos. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los 64 millones de personas que morirán en 2015, la causa del fallecimiento de 41 millones será debida a enfermedades crónicas. Patologías asociadas a la obesidad, como la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares o el síndrome metabólico acapararán el 80% del gasto sanitario en los próximos 10 años.

Por todo lo anterior, y a tenor de los elevadísimos costes económicos que supone para los sistemas de Salud Pública el conglomerado de patologías asociadas al sobrepeso, es necesario atajar el problema de raíz para poder combatirlo en sus ramificaciones. Parece obligatorio desplegar una estructura en red global, de carácter inter y multidisciplinar de profesionales que ayuden a combatir este mal de proporciones epidémicas extendido por todo el planeta. Un engranaje formado por especialistas en diferentes materias, desde médicos de atención primaria, endocrinólogos,  nutricionistas, psicólogos, profesores de educación física o responsables políticos.

La obesidad es un problema crónico de salud individual y pública que afecta a un número importante de personas en todo el mundo. Es responsabilidad de todos los agentes sociales implicados frenar su invasión y lograr mantener hábitos de vida saludables para revertir la situación.