La población conoce las claves de un estilo de vida saludable, pero no las practica adecuadamente

María del Puy Portillo, jefa de grupo del CIBEROBN en la Universidad del País Vasco
CIBER | viernes, 2 de febrero de 2018

En España, el 23,2 % de la población de 6 a 9 años padece sobrepeso y el 18,1 % obesidad, de acuerdo a los estándares de crecimiento de la OMS, según las cifras que recoge el estudio ALADINO 2015. Este mismo estudio, relacionó de una manera significativa el exceso de peso con factores asociados a la obesidad, entre ellos los malos hábitos alimentarios. El grupo que lidera María del Puy Portillo en la Universidad del País Vasco ha sido distinguido recientemente con el Premio Estrategia NAOS en su sección de promoción de la alimentación saludable en el ámbito escolar por el desarrollo de un ‘Programa de fomento del consumo de fruta y verdura en la población infantil’.

-¿En qué consiste el Programa que les ha hecho merecedores de este Premio Estrategia NAOS y qué conclusiones han obtenido del mismo?

-Es un programa de intervención con el que se pretende validar una herramienta para aumentar el consumo de frutas y hortalizas en el ámbito escolar dentro de un estudio comunitario aleatorizado controlado. Dicho estudio se basa en aplicar el programa diseñado por un grupo multidisciplinar y basado en la teoría del comportamiento planeado, a un grupo de niños de 8 a 10 años escolarizados de Vitoria-Gasteiz. El grupo intervención recibe 14 sesiones de 1 hora de duración durante un curso escolar, en las que se trabajan los determinantes del comportamiento que se plantean en dicha teoría: la actitud, las normas subjetivas o presión social, el control percibido y la intención de consumo. Todo ello para conseguir un cambio en el comportamiento, en nuestro caso, el aumento en el consumo de fruta y verdura.

Como herramientas de efectividad, las sesiones se han diseñado teniendo en cuenta tanto taxonomías del aprendizaje, como metodologías activas y diferentes técnicas de persuasión. También merece la pena mencionar que, además de las sesiones realizadas tanto en aula, como en mercados de productores, en producciones agrícolas locales, en el huerto escolar y en el comedor, se ha fomentado el trabajo en familia con actividades específicas.

En cuanto a los resultados preliminares podemos indicar un incremento cercano a la media ración de frutas y verduras al día en el grupo que recibió la intervención, en comparación con el grupo control. Por lo que podemos concluir que el programa, aunque moderadamente, ha sido efectivo en términos cuantitativos.

-¿Cuál es el porcentaje de consumo de frutas y verduras en la población infantil en España?

-La última Encuesta Nacional de Alimentación en la población Infantil y Adolescente ENALIA (2013-2014), indicó que el 31,7% consumía verduras y/o ensaladas todos los días, siendo la opción 2-3 veces por semana la opción más prevalente en la población analizada de 6 meses a 17 años. En cuanto al consumo de fruta, el 28,1% consumía más de una ración de fruta y/o zumo natural al día, mientras que el 46% lo hacía una única vez al día. En cuanto a cantidades, el consumo de verdura entre la población observada de 3 a 9 años fue de 136,5 g/día y de 188,44 g/día de fruta fresca.

-¿Son efectivos este tipo de programas en la mejora de los hábitos dietéticos infantiles?

-La diversidad de los programas enfocados a fomentar el consumo de frutas y hortalizas y las diferentes metodologías utilizadas, hace que la variabilidad en cuanto a la efectividad y los resultados sea alta. Además, se ha visto que el mero hecho de transmitir información no es suficiente para conseguir modificar hábitos alimentarios. De hecho, es constatable que la población conoce con relativa precisión cuales son las claves de un estilo de vida saludable, pero no las practica adecuadamente. Por este motivo, es necesario plantear programas e intervenciones basadas en la evidencia y siguiendo criterios de calidad. Es destacable que existe consenso en que cuanto más intensa y multidisciplinar sea la intervención, más potencia tienen sus resultados.

Los estudios que más efectivos han demostrado ser en cuanto a la modificación de los hábitos alimentarios en la población infantil, han sido aquellos que tienen en cuenta las teorías del comportamiento humano. El colegio y el hogar constituyen ámbitos ideales para la formación en alimentación y hábitos saludables, y es importante implicar a los responsables de la educación y formación, como padres, madres y profesores.

-Su grupo trabaja en la valoración de los hábitos y el estado nutricional de colectivos poblacionales, ¿los malos hábitos nutricionales son una cuestión de colectivos en España o es un fenómeno común y transversal a toda la sociedad?

-Se trata de un problema que afecta a tantos colectivos que podría considerarse transversal, del conjunto de la sociedad. Sin embargo, algunos estudios sugieren que en colectivos que han tenido mayor contacto con el sector primario y con un entorno menos abundante en alimentos procesados, como el de la tercera edad –y siempre y cuando su poder adquisitivo sea adecuado–, el consumo de alimentos vegetales es mayor y por tanto siguen un patrón alimentario algo mejor.

-¿Sobre qué grupos urgiría la puesta en marcha de programas de educación alimentaria?

-La importancia de implantar un estilo de vida saludable en la edad infantil es esencial, ya que se ha visto una tendencia a mantener los hábitos adquiridos, en la edad adulta. Por este motivo, la población infantil es uno de los grupos en los que parece más lógico trabajar. Por otro lado, no nos podemos olvidar de tratar el tema en su globalidad y enfocarnos en el entorno directo de estos niños, ya que el cambio no será posible sin su participación. 

-¿Cuáles serían los parámetros básicos de una Estrategia de Alimentación Saludable para la población española?

-La disminución del consumo de alimentos y productos que exceden las recomendaciones, como el fast food, la bollería industrial, bebidas azucaradas… y el aumento del consumo de alimentos saludables a los que no llegamos, como las frutas y verduras, deben ser las bases de la estrategia. Para ello, la colaboración entre la comunidad científica, las administraciones públicas, el sistema educativo, el sistema sanitario, el sector empresarial y la ciudadanía, es la base de su efectividad. Con todo esto, podremos educar a la ciudadanía de una manera eficaz para que pueda hacer una elección alimentaria con criterio e información y cambiar el entorno haciendo más accesibles los productos saludables.  

-Uno de los principales campos de trabajo de su grupo se centra en el estudio de ingredientes funcionales en relación con la obesidad, ¿qué estudios vienen realizando en este campo y cuáles son los principales resultados obtenidos de estas investigaciones?

-Efectivamente, nuestro grupo lleva varios años trabajando en los posibles efectos anti-obesidad de moléculas bioactivas presentes de manera natural en los alimentos. Nos hemos centrado principalmente en algunos compuestos fenólicos (resveratrol, pterostilbeno y quercetina). Nuestros estudios preclínicos han mostrado que estos compuestos son eficaces en la prevención de la obesidad y de algunas de sus co-morbilidades (esteatosis hepática, resistencia a la insulina). Su eficacia es menor si se emplean como herramientas de tratamiento de la obesidad. También hemos observado que con algunas mezclas de compuestos fenólicos, como es el caso de resveratrol y quercetina, se producen efectos sinérgicos.

En la actualidad hemos iniciado una colaboración con el ICTAN para analizar los efectos de un extracto de polifenoles de uva en un estudio clínico con personas que sufren síndrome metabólico.

-¿Qué efectos tienen estos compuestos fenólicos y cuál es el mecanismo que los propicia?

-Los estudios preclínicos realizados hasta la fecha en modelos de roedores han puesto de manifiesto que estos compuestos tienen diversas dianas y actúan a través de varios mecanismos. En concreto, en el tejido adiposo son capaces de disminuir la adipogénesis, la lipogénesis de novo y la captación de ácidos grasos a partir de los triglicéridos circulantes. Sus efectos sobre la lipolisis son menos evidentes, pero parece que pueden incrementar la movilización lipídica inducida por estímulos adrenérgicos. Además, incrementan la oxidación de ácidos grasos en hígado y, en ocasiones en músculo esquelético, debido a un incremento de la mitocondrigénesis. Finalmente, cabe señalar que si bien no modifican la ingesta de alimento, son capaces de incrementar la capacidad termogénica del tejido adiposo marrón. En algunos casos se puede observar también la inducción del proceso conocido como “browning” del tejido adiposo blanco.

-¿Han estudiado alguna otra biomolécula de los alimentos que pudiera resultar útil en la prevención de la obesidad o de sus enfermedades asociadas?

-Con anterioridad, estuvimos unos años estudiando los efectos del ácido linoleico conjugado. Obtuvimos resultados muy prometedores en roedores, pero dado que de acuerdo con los resultados obtenidos en estudios clínicos, la EFSA no avaló la alegación de salud presentada en relación con la obesidad, decidimos pasar al estudio de los compuestos fenólicos. 

-¿Cuáles son las características que deberían reunir los alimentos funcionales para convertirlos en aliados en la lucha contra la obesidad?

-Un alimento funcional para ser útil y eficaz, además de producir un efecto demostrado científicamente, tiene que producir sus efectos positivos al ingerir cantidades habituales del mismo. Además, al elaborarlos hay que cuidar algunos aspectos relacionados con los consumidores. Por ejemplo, deben estar basados en matrices alimentarias aptas para su inclusión en la dieta de una persona que necesita perder peso y deben ser alimentos bien aceptados por los consumidores.

Las terapias de la obesidad basadas en alimentos funcionales necesitarán un plazo medio de tiempo para poder ser aplicadas ya que, aunque hay varias moléculas que han demostrado efectos positivos en modelos animales, todavía su eficacia no ha sido del todo probada en humanos. En lo que respecta a alimentos funcionales con polifenoles, se necesitan más estudios para fijar el rango de dosis eficaces. Este es un tema complejo porque los efectos con estos compuestos no siempre siguen un patrón dosis-repuesta. En ocasiones, dosis más altas de polifenoles ejercen menos efectos que dosis más bajas, o incluso dosis más altas ejercen efectos contrarios  a los observados con dosis más altas (hormesis).

-Su grupo investiga también de cara al desarrollo de estrategias diagnósticas y terapéuticas personalizadas en obesidad, ¿qué estudios tienen en marcha en este campo?

-En este campo estamos trabajando en colaboración con varios grupos clínicos del País Vasco y de Madrid.

Uno de los proyectos en los que estamos involucrados (colaboración con el Hospital Universitario de Álava) tiene como objetivo buscar marcadores en niños PEG (con bajo peso al nacer) que nos permitan anticipar si esos niños finalmente van a alcanzar peso y talla normales, van a seguir estando en percentiles bajos, o por el contrario van a evolucionar hacia el desarrollo de exceso de peso y alteraciones metabólicas.

Otro estudio se desarrolla en niños y adultos obesos (colaboración con el Hospital Cruces de Vizcaya). En este caso estamos haciendo una caracterización del perfil de microRNAs circulantes con el fin de buscar predictores de susceptibilidad al desarrollo de enfermedades metabólicas.

Finalmente, en un estudio llevado a cabo en adultos con síndrome metabólico (colaboración con el ICTAN), estamos analizando posibles marcadores de respuesta positiva frente al tratamiento con polifenoles. 

-Su laboratorio está acreditado para la valoración de gluten en alimentos, ¿cómo valora la nueva moda de comer “sin gluten”?

-Creemos que si una persona no es celíaca, no tiene ningún sentido que siga una dieta sin gluten, ya que por un lado este patrón de alimentación no le va a reportar ningún beneficio de salud, pero sí puede acarrearle algunas consecuencias negativas. En numerosas ocasiones, los alimentos sin gluten tienen un contenido en grasa mayor que sus homólogos convencionales. Por tanto, el consumo de este tipo de alimentos, sin el control de un experto en Nutrición, que es como suelen hacerlo las personas que no son celíacas, puede conducir a un incremento del consumo de grasa y de energía, situación no deseable desde el punto de vista dietético. Además, en ocasiones, el empleo de estos productos puede conducir a la reducción de la ingesta de ciertos micronutrientes.