webmail   |   enlaces   |   mapa web
Ministerio de Ciencia e Innovacin Instituto de Salud Carlos III FONDOS FEDER

Una hormona digestiva y su receptor, responsables de la resistencia a la insulina

• La GLP-1, una hormona secretada por el intestino en respuesta a la ingestión de nutrientes, constituye una herramienta terapéutica útil para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2.

• El Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) ha demostrado por primera vez en tejido adiposo humano que los niveles del receptor de esta hormona (GLP-1R) están fuertemente incrementados en los depósitos de grasa visceral de los pacientes con obesidad mórbida y un alto grado de resistencia a la insulina.

• Los estudios prospectivos realizados con muestras de pacientes que se sometieron a una  intervención bariátrica mostraron que los sujetos con altos niveles de GLP-1R en el tejido adiposo fueron aquellos cuya sensibilidad a la insulina mejoró después de la cirugía.


Científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) dan un paso adelante en la batalla contra la obesidad y sus trastornos asociados al descubrir nuevos datos sobre la llamada GLP-1. Esta sustancia incretina, adjetivo que de manera general se refiere a agentes transmisores endocrinos de la liberación de insulina, es un compuesto natural producido en el intestino delgado que ejerce un papel clave en los mecanismos que regulan la ingesta y el aporte calórico. Los investigadores han demostrado que existe una correlación entre los niveles del receptor de esta hormona digestiva y la resistencia a la insulina en pacientes obesos.
El estudio, probado por primera vez en tejido adiposo humano, y publicado en el número de noviembre de la revista Endocrinology, está liderado desde el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga por el Dr. Francisco José Tinahones Madueño, jefe de grupo del CIBERobn.
Una sustancia natural contra la obesidad
La GLP-1 posee diversas propiedades fisiológicas que la hacen blanco de intensas investigaciones científicas. Se sabe que esta hormona secretada en respuesta a la ingestión de nutrientes estimula la biosíntesis de la insulina y su secreción de manera dependiente de la glucosa (aumenta la sensibilidad a ésta), mejora la detección de esta última en células de pacientes con Diabetes Mellitus tipo 2, controla la ingesta alimenticia porque inhibe la secreción de ácido estomacal con el consiguiente vaciamiento gástrico, aumentando la sensación de saciedad, y también actúa a nivel del sistema nervioso central disminuyendo el apetito.
Sin embargo, el efecto de la GLP-1 en el tejido adiposo humano ha sido poco estudiado. Investigaciones realizadas con adipocitos aislados de ratas y humanos han demostrado que tiene la capacidad de inducir la lipólisis (“quema grasas”). 
Se ha comprobado que conforme aumenta la concentración del péptido GLP-1 se produce un descenso de los indicadores de lipogénesis, lo que induce a pensar que la función del GLP-1 en el tejido adiposo sería la de disminuir la acumulación de grasas.

Nuestro metabolismo, un sistema casi perfecto
La obesidad se asocia frecuentemente con la incapacidad de los tejidos para manejar la insulina, con una clara tendencia a desarrollar un factor ambiental insulino-resistente (IR) y finalmente, con la aparición de diabetes mellitus tipo 2 (DM2). En este escenario, la grasa visceral juega un papel determinante que une la obesidad central con el inicio de IR. Además, otros datos indican que la relación entre el tamaño de la célula adiposa aumenta la resistencia a la insulina y la diabetes.
Sin embargo, varias líneas consistentes de evidencia indican que no hay un límite claro para el desarrollo de IR y que no se puede definir para un determinado grado de obesidad debido a la paradoja de que algunos pacientes con obesidad mórbida no desarrollan diabetes, mientras que algunos delgados sí. Así, varias investigaciones se han centrado en el análisis de la disfunción del tejido adiposo como uno de los factores impulsores en el desarrollo de resistencia a la insulina y, finalmente, de DM2. Entre ellas destacan las relacionadas con las hormonas incretinas como la GLP-1, que ha sido objeto de numerosos trabajos. Si bien se sabe que cuando descienden los niveles de GLP-1, aumentan los de su receptor específico, hasta ahora se desconocía su relación con la IR y la obesidad.
Estudio pionero en el mundo
El principal objetivo del equipo del CIBERobn fue verificar la presencia del receptor de esta hormona, el GLP-1R, en el tejido adiposo humano y correlacionar la expresión de los niveles del mismo con el grado de resistencia a la insulina.
Para ello llevó a cabo un estudio con un total de 95 pacientes divididos en dos grupos. El grupo de estudio estaba compuesto por 22 pacientes con obesidad mórbida y edad media de 41,03 a punto de ser sometidos a una cirugía bariátrica. A su vez fueron divididos en sujetos con un alto grado de resistencia a la insulina o uno bajo. Esta cohorte fue sometida a un estudio de seguimiento prospectivo a los seis meses de la operación, analizando las variables antropométricas y metabólicas.
El grupo de control incluyó a 73 personas sanas de edad avanzada (56,61 años en promedio) con una amplia gama de índice de masa corporal. Fueron clasificados como delgados (19), con sobrepeso (36) y obesos (18) por su índice de masa corporal (IMC), de acuerdo a los criterios de la Organización Mundial de la Salud. Todos ellos con un bajo grado de resistencia a la insulina.
Se extrajeron dos tipos de muestras. El tejido adiposo subcutáneo fue extraído en el sitio de la incisión al comienzo de la cirugía de la pared abdominal, mientras que el tejido adiposo visceral se obtuvo del epiplón.
Se abre un nuevo campo de batalla contra la obesidad
La investigación demostró que los pacientes con obesidad mórbida y un alto grado de IR muestran un claro incremento del GLP-1R, sobre todo en los depósitos de grasa visceral.
El comportamiento de este receptor fue diferente en función del tipo de depósito de grasa analizado. En la grasa subcutánea, se observó un aumento sustancial en obesos mórbidos en comparación con la cohorte de obesos no mórbidos.
En cuanto a la grasa visceral, las diferencias fueron aún mayores. Vale la pena mencionar que la grasa visceral es el principal componente relacionado con resistencia a la insulina, y hay muchos informes que describen la estrecha relación entre este depósito de grasa y varios componentes del síndrome metabólico.
En palabras del Dr. Tinahones, es posible que “la resistencia a la insulina quizá sea consecuencia del aumento del tejido adiposo visceral, y a su vez, la grasa visceral puede tener un perfil genético diferente”.
Y añadió como prueba de ello el hecho de que “los estudios prospectivos realizados con pacientes que se sometieron a cirugía de derivación biliopancreática mostraron que los sujetos con altos niveles de GLP-1R en el tejido adiposo, lo que indica un déficit de GLP-1 en este tejido, fueron aquellos cuya sensibilidad a la insulina mejoró después de 6 meses de pérdida masiva de peso, lo que refuerza el papel determinante de la expresión génica del GLP-1R en el estado de IR.”
Por último, el investigador del CIBERobn, añade que “una mejor comprensión de cómo el receptor de la GLP-1 mejora la sensibilidad a la insulina en los depósitos de grasa visceral de los sujetos obesos podría proporcionar información adicional sobre la patogenia de esta enfermedad. Por otro lado la presencia del receptor de GLP-1 en el tejido adiposo que tiene capacidad de incrementar la lipolisis podría aportar un nuevo mecanismo para explicar la importante reducción de peso que se experimenta con los análogos de GLP-1”.